El servicio de agua para uso industrial en Argentina

Centro de Estudios Economicos

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En esta nota, el CEEUIBB presenta algunos antecedentes nacionales sobre el servicio de agua para uso industrial, los cuales sirven para analizar el marco regulatorio actual y eventualmente proponer cambios más eficientes y sustentables en el tiempo.

En las grandes industrias de la ciudad, los costos del servicio de agua se vieron notablemente incrementados a partir de 2016, más específicamente a partir del decreto 409/16, en el cual se dispuso que a aquellos usuarios que fuesen considerados como de usos intensivos se les deberían modificar los esquemas a aplicar. En este sentido, para consumos mensuales superiores a los 1.000 m3 se estableció una duplicación de los coeficientes, de modo que finalmente un valor por m3 que inicialmente era de $ 5,74 terminó alcanzando los $ 51,66 con las últimas disposiciones (considerando un coeficiente de penalización de 4,5 multiplicado por 2).
Las mencionadas disposiciones se establecieron de manera indistinta para cualquier hogar o empresa de la localidad sin importar las intensidades de consumo. Es decir, las industrias son consideradas como una enorme casa de familia, con un consumo excesivo para una residencia, y por ende reciben todas las penalizaciones posibles, aumentando el costo del metro cúbico.

Si bien es cierto que desde 2003 en adelante las tarifas de los servicios públicos evolucionaron muy por debajo de la inflación -incluso la medida por el INDEC en su etapa más cuestionada-, las bruscas subas recientes como consecuencia de corregir dicha situación tienen un impacto mucho mayor en la escala de las empresas industriales que poseen consumos elevados debido a la utilización del agua como insumo productivo.

Antecedentes nacionales:
Se realizó un examen detallado de los cuadros tarifarios de diferentes provincias, de modo de evaluar cómo es que se ejecuta la facturación en diferentes sectores del país. Con esto se buscará evidenciar si el actual régimen tarifario en la ciudad resulta similar a otros casos, o en caso contrario, cuáles son las diferencias para las empresas industriales.

Cuadro 1. Modelos de facturación según zona geográfica

Fuente: elaboración propia en base a cuadros tarifarios vigentes.

Cuadro 2:
Precio del m3 para la categoría de consumo más alta, según zona geográfica.

Fuente: elaboración propia en base a cuadros tarifarios vigentes.

En líneas generales, se concluye a partir de los casos expuestos que las provincias suelen discriminar en los usos del agua, en lo que se refiere a consumos residenciales y no residenciales (dentro de los cuales se diferencian categorías comerciales e industriales). Esto demuestra que existen tratamientos diferenciales para establecimientos productivos y las empresas no resultan particularmente afectadas por los esquemas de cobro.

Por otro lado, a simple vista, se observan las brechas entre los precios establecidos por cada provincia para cada m3 consumido. Si por ejemplo se comparan los valores de Bahía Blanca y Santa Fe se concluye que el precio unitario es más de seis veces superior en la ciudad respecto al establecido en dicha provincia.

Comentarios finales
Los antecedentes recopilados indican, por un lado, que la metodología de facturación de ABSA no se utiliza, sino todo lo contrario, ya que otras empresas suelen separar el consumo comercial/industrial del residencial.
Además, no está balanceado, puesto que perjudica notablemente con penalizaciones. No es que sea incorrecto aplicar estas sanciones, ya que la mayoría de las provincias las utiliza como incentivo al ahorro del recurso. Lo que sucede en el caso local es que las penalizaciones, aplicables sobre una base de consumo residencial, siempre serán las máximas posibles para el uso industrial, de manera que no hay posibilidad alguna de incentivar el ahorro.
El esquema de incentivos debería aplicar beneficios y penalizaciones según se produzca ahorro o derroche, respectivamente. Para esto es necesario combinar el consumo con otros parámetros (fundamentalmente el volumen de producción) y construir indicadores ad hoc que se puedan monitorear en el tiempo. Esto evitaría caer en el error de pensar que un mayor consumo es sinónimo de derroche y debe ser penalizado. Justamente, puede tratarse de una consecuencia de un aumento de la producción, pero con ahorro del recurso. Entonces, contrariamente, debería ser beneficiado.
Finalmente, es imprescindible tener en cuenta que, para las grandes empresas el agua es un insumo, que se utiliza para producir, y esto genera un deterioro de la ecuación económica de las firmas, perdiendo competitividad y fuerza para crear nuevos empleos y mejorar las remuneraciones.


Por Lic. Martín Goslino | Economista Jefe a cargo CEE-UIBB

Tiempo Industrial 114 – Año 11 – Página 6