Influencia de las expectativas sobre la inflación futura

Economía

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Si realizamos una mirada retrospectiva con relación a la inflación del siglo XIX y lo transcurrido del siglo XX, veremos que hay dos períodos bien definidos: de 1900 a 1944 y de 1945 a 2017.

En el primer tramo, el promedio fue del 2,4% anual y, coincidentemente, fue el periodo donde Argentina se encontraba dentro de los 7 países más desarrollados.
El segundo, en tanto, está compuesto por 72 años donde la cifra promedio fue del 120% anual (excluyendo el periodo de convertibilidad). Para dar una idea de magnitud, recordemos que un peso de hoy es equivalente a 10.000.000.000.000 (diez billones) de pesos moneda nacional de 1969. Hemos quitado a nuestra moneda 13 ceros. No es casual que este periodo haya sido el de mayor decadencia de nuestro país.

¿Qué podemos esperar mirando al futuro? En este caso es fundamental la credibilidad, ya que si la misma no existe, las expectativas racionales serán negativas, por lo cual esperaremos más decadencia.

En la medida que el gobierno actúe en consecuencia y aplique políticas para que los índices tomen camino descendente para que, de acá a 4 años, tengamos una inflación de un dígito, las expectativas tenderán a disminuir.

Lo que podemos decir es que la lucha será larga y, en algunos momentos parecerá que no da resultado, como ocurre con el último índice del mes de diciembre.

Para darnos una idea, debemos ver cómo ha sido la batalla de países vecinos. Por ejemplo, Perú tardó 8 años en llegar a un dígito y desde 2002 su índice de precios oscila, en promedio, en el 5% anual.

Chille tardó desde 1978 hasta 1995 para pasar del 40% anual al 10% y desde 1995 a 1999, pasó del 10% anual al 5%, cifra que viene sosteniendo.
Los dos países usaron letras del Banco Central en la contienda, alcanzando Perú el 150% de la base monetaria, mientras que Chile llegó hasta el 995% de la base monetaria.

En el caso de nuestro país, además debemos cargar a los precios de la energía a la inflación transcurrida desde 2007 hasta 2017. Tal vez debiera computarse la inflación subyacente, para no estar creando expectativas negativas con relación a la futura.
Como ejemplo de la importancia de las expectativas, podemos recordar la escalada del mes de Julio de 1989 fue del 200%, mientras que la del mes de agosto, sin arrastre estadístico, fue del 8%, y esta baja se debió totalmente al cambio de gobierno y por lo tanto de las expectativas.

Oscar V. Biondini

Por Oscar V. Biondini | Consultor financiero

 

Tiempo Industrial 113 – Año 11 – Página 6