Los industriales en su casa

Un poco de historia

Compartir

La fachada guarda, al decir de Cabré Moré, “la noble serenidad de Toledo atenuada por la gracia de Sevilla”.

En 1926, el arquitecto Enrique Cabré Moré recibió un encargo del prestigioso abogado Mario Olaciregui: el diseño de su vivienda familiar y estudio en calle Brown 460.

Cabré Moré tenía 23 años de edad e integraba la empresa constructora fundada en 1910 por su padre, Pedro Cabré Salvat. No tenía título de arquitecto pero poseía una natural vocación por la arquitectura, siendo un ferviente lector y estudioso de los estilos arquitectónicos.

El encargo de Olaciregui le permitió desarrollar una propuesta estilística inédita en la ciudad. Estaba por entonces en boga la búsqueda por parte de muchos profesionales de un “estilo propio”, un “lenguaje nacional”, para despegarse un tanto de las innumerables obras inspiradas en el renacimiento italiano, primero, y en el historicismo de fuerte influencia francesa, después.

En ese contexto, Cabré adhirió al estilo colonial, el que para muchos estudiosos más se emparentaba con nuestra historia. La estética española, la cual poco a poco había sido borrada de la geografía urbana de todas las ciudades, era para muchos la apropiada a la hora de encontrar una manera de expresión propia.

Las formas
El estilo colonial es descendiente del barroco español y rápidamente se lo reconoció con el nombre de neocolonial.

Los componentes de una fachada son simples de distinguir: los balcones y su trabajada herrería, los techos de tejas, las columnas salomónicas, los frontis curvos, los escudos mobiliarios, las puertas de madera con trabajados herrajes.

Todo ese repertorio aplicó Cabré Moré a la vivienda de Olaciregui, para conformar la primera obra neocolonial de la ciudad.

El frente no tiene un eje de simetría. Sobre un lateral se ubica la doble puerta, con una concentrada ornamentación armado el pórtico de entrada, con columnas torneadas a cada lado, impregnadas del mismo movimiento que utilizó Bernini para el baldaquino de la basílica de San Pedro, en el Vaticano, el que todos acostumbramos a ver desde chicos en la Casa de la Independencia de Tucumán.

La planta baja con dos ventanas al frente y un balcón corrido en la planta alta, típico de tiempos de la colonia, resuelta su baranda de hierro y trabajadas ménsulas. Todo el conjunto ornamentado con guardas y dibujos típicos del plateresco, del barroco español.

En 1929 la revista Arte y Trabajo reconoció a Cabré Moré como el primero en introducir en la ciudad la reja española, “un añejo atributo colonial que constituye una nota pintoresca en el conjunto severo de nuestra edificación”.

El propio Cabré dio cuenta del supuesto origen del uso de rejas en las ventanas. Se dice que la pregunta fue realizada por un forastero de paso por Andalucía, inquieto al considerar que “convertían en cárceles todas las viviendas”. La respuesta de un vecino no se hizo esperar: “Es que si no estuvieran nos robarían a las mujeres por bonitas: hay que guardarlas del ladrón”, le explicó.

La fachada guarda, al decir de Cabré Moré, “la noble serenidad de Toledo atenuada por la gracia de Sevilla”.

El interior

El interior de la vivienda de Olaciregui mantuvo el estilo de las casas de España.

Los pisos con mosaicos en damero, los revoques trabajados a manera de grandes piedras, el hogar y el escudo. La escalera con sus barandas torneadas. En el que fuera jardín de inverno toda la gracia de los mosaicos de Sevilla, el colorido tan atractivo, y una pequeña fuente.

Cabré Moré repetiría formas similares al diseñar, en 1928, la Farmacia Española, de San Martín y Las Heras. En el negocio todavía puede verse el revestimiento traído de Sevilla y, en la entrada por la ochava, las columnas torneadas.

Seguir el estilo
En 1947, Olaciregui hizo una nueva compra inmobiliaria: la casa quinta Coelho, en avenida Alem al 900, propiedad de Eladio Bautista.
Enamorado del estilo colonial, contrató al arquitecto Manuel Mayer Méndez para adecuar la vivienda. Olaciregui la bautizó “El buen Retiro” y allí se mudó.
Adquirida en 1956 por la cooperadora de la Universidad Nacional del Sur, la casona es actualmente sede de la Casa de la Cultura de la universidad.

Las siguientes fotografías son gentleza de María Lara Tapia:

Final
Mario Olaciregui falleció el 31 de mayo de 1976, ya radicado en Buenos Aires.
La casa de calle Brown fue ocupada por algunas familias hasta la adquisición definitiva por parte de la Unión Industrial de Bahía Blanca, que la habilitó como sede propia el 18 de diciembre de 1998.

La entidad ha seguido desde entonces el mejor de los caminos. Por un lado el respeto por la fachada. Por otro, mantener la espacialidad de sus ambientes. Conscientes de estar ocupando un lugar distintivo, ha sabido aprovechar y disfrutar del particular encanto de trabajar y crecer dentro de una obra de arte.

Por Mario Minervino | Ingeniero Civil | Periodista

Publicado en Tiempo Industrial 125 | Año 12