No hay nada que valga la pena

“No hay nada que valga la pena hacer sin una lucha de por medio”

Institucionales

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Como primer presidente de la Unión Industrial, Edgardo Santos Levantesi repasó la historia de la institución y aseguró que viendo la actualidad, “puede dormir tranquilo”.

Una visión de aquellos difíciles primeros pasos, un análisis del presente de la entidad y un planteo de un importante desafío para el futuro planteó Edgardo Santos Levantesi,
uno de los socios fundadores y primer presidente de la Unión Industrial de Bahía Blanca. Levantesi aseguró tras los problemas económicos iniciales, fue la compra de la actual
sede la que le dio a la entidad el despegue necesario para seguir creciendo y convertirse en lo que hoy es: una pieza fundamental del desarrollo económico de Bahía Blanca y
la región.
Además, aseguró que a la ciudad todavía le falta “un golpe de horno” para convertirse en industrial y se animó a soñar con un Parque Industrial Agro Alimentario. “Ya había tenido una experiencia similar en Buenos Aires, integrando la Unión Industrial. En aquel momento, ya se hablaba de un desarrollo petroquímico muy fuerte en la zona del puerto, por lo que empecé a pensar de ir interesando a algunos industriales conocidos para conformar una entidad que represente los intereses de nuestra industria”, contó Levantesi acerca de los inicios.
“A partir de esto, comenzamos a realizar reuniones. Al principio nos juntábamos en el Hotel Austral y luego en el Club Argentino. Fue en uno de esos encuentros en los que se
conformó la primera mesa directiva. Previamente, yo ya había conseguido el nombre del primer Gerente, que fue Juan Leiva y que se convirtió en mi mano derecha en la
creación de la Unión”, agregó.

-¿Encontró receptividad desde un primer momento?
-Los que integraron aquella mesa fueron gente que no encontraban un lugar donde expresar sus inquietudes. Tuvo resistencia, obviamente, pero no bajamos los brazos. En algún momento sentí soledad y no fue fácil conformar una entidad con un capital que era escaso. La mayoría no eran grandes industriales y hacían mucho esfuerzo para aportar su tiempo y su dinero para esta creación.
-¿Cómo hicieron para demostrar que la Unión sería un ente importante para el desarrollo de la ciudad?
-Nosotros no nos sentábamos allí para obtener un beneficio personal, sino para defender los intereses del industrial que se acercaba, tanto una PyME como una gran industria. En aquel momento, no existían las grandes industrias que tenemos hoy, y había que trabajar para que aquellos industriales vieran a una entidad seria. Y eso fue lo que hicimos, fuimos honestos, serios y trabajamos sin diferenciar al grande del chico. Fue costoso, pero no hay nada que valga la pena hacer sin una lucha de por medio.
-¿En qué punto cree que se dio el quiebre para convertirse en una de las entidades más importantes del país?
-Para mí, no tener una casa propia era una asignatura pendiente desde el principio. Así que cuando apareció la posibilidad de comprar esa casa, que formaba parte del patrimonio cultural de la ciudad, intentamos por todos los medios de concretarlo. Fuimos cuatro o cinco los socios que pusimos nuestros bienes personales en garantía para conseguir el crédito y comprar esa casa. A partir de ese hecho, nos sentimos más firmes y con la posibilidad de que todos los industriales puedan tener un lugar de referencia y sentirse en su casa cada vez que nos visitaban. Fue la manera de
demostrar que la Unión era para siempre y que su paso no era fugaz.
-¿Qué significa haber sido el primer presidente de una entidad que logró sobreponerse a 25 años repletos de cambios y crisis?
-Los grandes obstáculos fueron los del comienzo. La lucha que llevó mucho tiempo fue incorporar socios, nivelar las cuentas y salir de las críticas. Cuando compramos la casa, se nos puso cuesta arriba, porque costaba pagar los sueldos y abonar el crédito. La epopeya era grande y los que aportábamos éramos muy pocos. “Hoy, afortunadamente está parada sobre otros parámetros. Con un buen financiamiento y eso es lo que me permite hoy en día dormir con tranquilidad”.
-¿Cómo definiría la actualidad de la Unión, con todos sus departamentos trabajando a pleno y con una agenda tan cargada de actividad?
-La Unión está para defender los intereses de un sector productivo que agrega valor a materias primas que provienen de la misma región. Eso debe ser la consigna diaria y no nos podemos confundir. La política está en otro espacio y no debemos equivocarnos y pensar en que somos co-gobernantes. Somos representantes de un sector muy importante de la actividad económica de un país, pero no debemos mezclar.
-¿Cómo ve a la ciudad en esta actualidad?
-Bahía Blanca necesita un hervor más para convertirse en una ciudad industrial. Tenemos serios problemas de logística y estamos lejos de los grandes centros de consumo. Además, hemos perdido algo que era orgullo para la ciudad como las industrias de la alimentación. Dejaron de existir industrias de fideos, molinos e industrias relacionadas con productos de higiene hogareño que eran líderes en la región. En la Unión todavía tenemos una deuda pendiente que es la formación de un Parque Industrial Agro Alimentario para aprovechar todos los beneficios que tiene la región.
-¿Y lo ve factible en un futuro?
-No creo que sea tan difícil de llevar adelante. Son determinaciones que deben ser tomadas por el conjunto de la ciudad. Muchas veces los bahienses nos confundimos y creemos que ya tenemos todo y no es así. Los fundadores de nuestra ciudad pensaron en una cabecera, agroalimentaria, con un desarrollo logístico importante y de frente al agua. Tenemos que mirar el mundo y tener la grandeza de aquellos que fundaron la ciudad. No digo que hay que refundarla, pero sí hay que hacer méritos suficientes como para que realmente sea la puerta del Sur argentino.