“Nunca conviene quedarse con el plan A, siempre hay que tener un plan de contingencia”

La Ciudad

Compartir

Ravi Margasahayam es ingeniero en vibración y sonido y estudió finanzas y administración, marketing, planificación, diseño e ingeniería en sistemas. Hoy es una pieza fundamental en la NASA.

“Cuando llegué a Estados Unidos, en 1975, no tenía zapatos, tenía
2 dólares en el bolsillo y no tenía lugar a donde ir”.

Así comienza la historia de Ravi Margasahayam, quien salió de su Bombay (India) natal con el sueño de ser ingeniero para fabricar aviones y terminó convirtiéndose en una pieza clave en la NASA, siendo copresidente del Panel de Revisión de Seguridad en Tierra y habiendo trabajado en más de 100 misiones incluso con transbordadores espaciales.
“Cuando tenía 10 años ví una película india llamada Sangam, que quiere decir encuentro. Es la historia de dos chicos y una chica. Uno de los muchachos era piloto y el otro era el mejor amigo de la joven. A la chica le gustaba el piloto, porque a todas les gustan los pilotos (risas), el único problema fue que el muchacho tuvo que ir a la guerra entre India y Pakistán. Cuando volvió, se encontró con sus dos amigos casados. Pero al verlo, la chica volvió a enamorarse del él y se fueron a recorrer el mundo. Después de eso, me dije `si me convierto en piloto, me voy a casar con una linda chica y voy a viajar por todo el mundo’. Eso es lo que quiero”, contó el ingeniero que fue uno de los encargados del armado de la Estación Espacial.

-¿Y por qué no te convertiste en piloto?
-Mis padres no tenían el dinero suficiente para pagarme la carrera. Por eso pensé en un plan B y que fue saber todo acerca de los aviones y convertirme en ingeniero. Después entré a trabajar en Boeing. Me dediqué a diferentes tipos de naves, como comerciales y helicópteros, hasta que después de tener la suficiente experiencia (10 años), me enviaron a la NASA.
De aprender, de tener siempre más de una opción a mano, de no parar de perfeccionarse. De eso se basa el mensaje de Ravi, quien viaja por el mundo con el objetivo de inspirar a la nueva generación de jóvenes y que días atrás visitó Bahía Blanca, brindando varias charlas invitado a estudiantes de diferentes carreras.
“Mi visita a Bahía Blanca tiene que ver con la necesidad de inspirar a la próxima generación de ingenieros y científicos a aplicar en cuestiones relacionadas con la tecnología y a convertirse en los mejores del mundo en lo suyo”, contó.
“¿Por qué es importante? Los científicos y los ingenieros diseñan el mundo, crean estrategias para mejorarlo. Crean lo que no existe, como la estación espacial y el IPhone. La nueva generación debe convertirse en líder para navegar en el nuevo mundo y mi misión en la vida es tratar de inspirarlos y guiarlos en ese camino”, agregó.

-Lamentablemente en nuestro país faltan ingenieros y los jóvenes suelen elegir otro tipo de carreras, ¿qué les recomendaría?
-Que sigan su pasión. La NASA, por ejemplo, es un lugar muy grande donde trabajan bioquímicos, periodistas, geólogo o doctor. Si te dedicás a ser ingeniero o estudias para astronauta, vas a estar bien, pero si no, intentá ser el mejor en tu profesión. Lo que intento es detectar e incrementar tu potencial.

-¿Es recomendable tenés varios planes en la vida o conviene tener uno y enfocarse en ese?
-Cuando me convertí en ingeniero, pensé que tal vez podría quedarme sin trabajo y seguí perfeccionándome. Hice una maestría en finanzas y administración, estudié marketing, planificación, diseño, ingeniería en sistemas y varias otras áreas. Si perdía el trabajo, tenía siempre otras opciones y otras habilidades para desempeñarme en otro lado

-¿Eso es una filosofía personal o es algo que te inculcaron en la NASA?
-Cuando se planea una misión se tienen varios planes por si surge lo que se llama contingencia. La NASA perdió dos transbordadores como el Challenger y el Columbia pero tuvo el deseo y la determinación de continuar. Lo importante es que trabajemos en el dominio de la inteligencia, usar nuestro conocimiento y aplicarlo.
“Nunca conviene quedarse solamente con el plan A, siempre hay que tener un plan de contingencia. Si estás enfocado en el plan A y ese falla, probablemente te sientas deprimido. Por eso conviene saber un poco de todo. Conocerse al máximo y saber cuáles son tus fortalezas y tus debilidades”.

-Tu intento es por inspirar a los jóvenes, ¿pero quien te inspiró a vos?
Yo siempre pongo el ejemplo de Leonardo Da Vinci. Es mi héroe. Cuando Da Vinci fue a buscar trabajo al palacio de la familia Medici presentó un resumen de sus habilidades. Le preguntaron que sabía hacer y él dijo que podía fabricar armas, balas y todo tipo de instrumentos. Entonces Medici le preguntó que pasaba si lo contrataba y después no había guerras. Entonces Leonardo le contestó que era artista y pintor. ¿Cuál es la idea de todo esto? Que conviene saber más de una cosa, tener más de una habilidad, aumentar permanentemente tu caudal de conocimientos porque tal vez, un día, se cae tu plan A y tenés que recurrir a un plan de contingencia”.

-¿Y cuáles serán nuestras ocupaciones en el futuro?
-Las máquinas, con su inteligencia artificial, nos van a reemplazar en un futuro cercano. ¿Dónde va a estar la clave? En saber combinar y trabajar en conjunto. Los exitosos serán aquellos que tengan imaginación, que tengan sensibilidad, que sientan pasión por lo que hacen, que sean creativos para suplir lo que los robots no pueden hacer. Los robots podrán ser más eficientes, pero no pueden sentir, crear, proyectar. No tienen ingenio. En eso les llevamos ventaja.

El armado de la estación espacial
Ravi Margasahayam trabajó en la construcción de la Estación Espacial Internacional, que comenzó en 1998 y requirió de 37 vuelos espaciales y más de 155 trabajadores para completarla.
“Durante mi tiempo en la NASA me convertí  en especialista en muchas cosas. Trabajé con astronautas, con diseñadores, con ingenieros y de todos ellos aprendí algo. Junto a ellos, pusimos pieza por pieza en la estación espacial. Claro que fue un trabajo importante y costoso. De hecho, llevar una botella al espacio sale 10.000 dólares y llevar tres manzana 3.500 dólares. Por eso, el costo total fue de 500 millones de dólares”, mencionó Ravi.
“La estación espacial se arma como los Lego. Son piezas para encastrar y se van poniendo una por una. El problema es que las personas trabajan con la estación espacial viajando a casi 20.000 kilómetros por hora”, agregó.

Marte, por ahora muy lejos
El gran objetivo de la NASA para el futuro es poblar Marte. Y esta meta no tiene que ver con una alocada idea sacada de una película de Hollywood. Todo lo contrario.
“Si no encontramos otro lugar para vivir, vamos a terminar todos muertos. La Tierra tiene los días contados. Marte es el sitio, porque más allá de que las condiciones son diferentes, es el planeta que nos queda más a mano”, destacó Ravi.
De todos modos, por ahora, la tecnología no ha avanzado lo suficiente como para poder colonizar el planeta rojo.
“El viaje a Marte dura 9 meses y está comprobado que el ser humano pierde el 1% de su masa muscular y de calcio en los huesos. Por lo que en un viaje de ida y vuelta a Marte, la persona perdería alrededor del 20% de su masa muscular y calcio. Sería inviable”, comentó.
Para Margasahayam primero tenemos que gatear para luego aprender a caminar y después correr.
“Tenemos que mandar robots, fabricar casas, mandar comida, llevar medicinas y dejar todo listo. Después, podrán viajar los seres humanos”, explicó.
El ingeniero destacó dos necesidades como principales. Primero incrementar la velocidad de los cohetes para reducir el tiempo que lleva recorrer las 65 millones de millas que hay entre un planeta y otro, y segundo, mejorar las comunicaciones.
“Tenemos que mejorar nuestro sistema de Comunicación. Hoy para lograr una conexión con Marte, tenemos 40 minutos de delay. Ese tiempo es muchísimo en una emergencia”, contó.
“Las partículas de xenón pueden generar la propulsión que necesitamos. Eso nos permitiría pasar de 50.000km/h que es la velocidad máxima que hoy podemos desarrollar, a 300.000 kilómetros por hora. Tenemos que pasar de 9 meses, a 3 meses, a 60 días a 40 días y a un mes. Tal vez lleguemos en 2030, pero reducir los tiempos de viaje nos llevará al menos hasta 2050 o 2070”, mencionó.

Ser como las águilas
Uno de los ejemplos que utilizar Ravi para inspirar a las futuras generaciones tiene que ver con el reino animal. Las águilas, normalmente, viven hasta los 40 años. A esa edad, tiene la opción, muy dolorosa y que se extiende durante varios meses, de sacarse las garras, romperse el pico y cambiar las plumas para vivir otros 30 años. Algo similar sucede cuando el águila tiene crías. Estos animales no saben volar y está comprobado que desconocen para qué tienen las alas. Es la madre la que las empuja al vacío para que extiendan sus alas y vuelen. El cambio y el crecimiento implican dolor y lleva tiempo y a veces, debemos echarnos a volar a pesar de que no sepamos que tengamos alas. No es casual que el primer módulo que aterrizó en la luna se llamaba Águila.

Tiempo Industrial 111 – Año 11 – Páginas 3-4