Saltar el paredón para ver qué hay del otro lado

Jóvenes Empresarios

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Nuestro Tallerista compartió la experiencia vivencial de los Talleres Literarios, programa de RSE de nuestros jóvenes empresarios, con jóvenes adultos de la Unidad Penitenciaria IV y los niños pre adolescentes del Centro Cultural Soñar, Crear y Hacer. Este programa se lleva a cabo gracias a empresarios y amigos de la casa que en cada edición de la Noche de las Etiquetas se hacen presente y nos acompañan.

“Conocemos al otro”. Esta es la referencia constante que realizamos cuando nos permitimos hablar en voz de un otro que no puede, que fue silenciado. Lo formamos, lo construimos y somos construidos sujetos a la idea de ese otro quien no puede mostrarse tal cual es. Desde pequeños nos dicen que visten con traje a rayas y son sumamente peligrosos, que debemos temerles, que son sujetos de cuidado y no pueden encontrar un lugar en la sociedad, tu sociedad, nuestra sociedad.

Mi intención en esta oportunidad no es realizar una crítica a dicha construcción del otro sino, todo lo contrario, vengo a mostrar una pequeña parte de cómo es ese otro que vive detrás del velo comunicativo, detrás de rejas.

Lo más complicado es ingresar a un espacio que desconoces. Allí donde muchos buscan salir, debo ingresar. Pasar capas y capas de rejas, requisas y dejar mi identidad en el ingreso hasta llegar al aula del pabellón. Más de treinta jóvenes aguardan una presentación que tiene por objeto ofrecer lo literario. Estoy seguro que si describo ese momento ahora generaría el mismo efecto de aburrimiento sistemático que muchos allí sufrieron. Cuando concluí, creí que no se inscribiría nadie, sudor de un fracaso cargado de prejuicios pesaba en mi mente. Acaso les interesaba escribir ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Con qué motivo’. En ese momento sucumbe una parte de esa construcción del otro, más de la mitad habían garabateado sus nombres en una hoja. Ahora si, podemos comenzar.

El taller cuenta con una clase semanal de una hora donde les acerco textos de diversos autores, los leemos y escribimos aquello que vaya surgiendo. Muchas veces el espacio de escritura queda pequeño y se traslada a sus celdas, donde se produce una real escritura de encierro. Los primeros textos que fueron surgiendo rondaban el aire del arrepentimiento, una necesidad de dejar un pasado tormentoso atrás y estar en una senda correcta. Algo así como si ese prejuicio tomara el lápiz y escribiera por ellos. Poco a poco fuimos intentando dejar de escribir acerca de lo que debía ser correcto y empezamos a escribir sobre aquello que ellos deseaban. Es así como rompimos con la norma de la escritura misma, dejamos el molde de lo formal y empezamos a tocar los temas que más nos guste.

Ese espacio los lleva a la nostalgia, y la literatura como una especie de barco en el cual navegar. Hablaron sobre sus familias, sobre su pasado, sobre su infancia, sobre aquellos momentos que más les gusta. Desde jugar con la hija hasta viajar a la capital para ver al equipo de fútbol que lo apasiona.

Y así es mi querido lector que ha llegado hasta esta parte del texto y como el prejuicio inicial fue cambiando, para usted, para mí y para el taller. Fue un cambio necesario que no voy a negar, tuvo sus contratiempos, solo diré que el único momento de libertad es el momento de producción, allí, dentro del aulita del penal sin pensar en los barrotes, rodeados de historias y de palabras.

Pero allí no termina esta historia. Es solo una parte del día. La salida del penal carga el cuerpo de una energía extraña, confusa, difícil de explicar en palabras. Si tuviera que referirlo con colores, sería un gris oscuro, como un cielo de invierno.
De aquí a otro desafío, literatura con chicos.

Posterior a la mañana en el penal el viaje me conduce a una tarde pre merienda en el Centro Cultural Soñar, Crear y Hacer, donde sobre una mesa extensa esperan un grupo de niños de edades diversas que van de los diez a catorce años. Ellos esperan ansiosos ser cuestionados por la literatura. Entre golosinas y facturas, además de la compañía de unos mates que me alcanzan las profes del lugar, pasamos una hora dentro de un mundo imaginario de juegos. En un primer momento, la idea fue leer y escribir, realizar distintas producciones como un cuento o un poema. Eso solo fue la idea porque fue el juego, la herramienta fundamental que se escapó al momento de planificar, y los chicos, quienes me enseñaron que ese lugar, su lugar, tenía que ser de disfrute. De esta manera, incluimos a todo una cuota de color dentro del marco de dejarse llevar, sin imponer, y surgieron cosas maravillosas. Desde historias retorcidas de personajes imaginarios hasta dibujos locos y de una calidad impresionante para finalizar con un “dígalo con mímica” donde el cuerpo toma lenguaje y se impone a las palabras. De esta forma, regreso a mi casa cargado de una paleta de colores impresionantes, de regalos que van más allá de lo material y tienen que ver con el afecto, con el abrazo, con sentir que el momento no solo es un encuentro sino un disfrute.

“Había una vez un árbol que vivía con sus padres, se escapó de su bosque porque quería conocer la vida humana porque desde chiquita le gustaba y era muy curiosa”
Por Matías Flores, 10 años, en el marco del recibimiento de la Orden de Algarrobo por la preservación de un centenario ejemplar de AGUARIBAY promueve la AGRUPACIÓN DE FLORICULTURA Y JARDINERÍA DE BAHÍA BLANCA.

Por Lic. Matías Castro
A cargo de los Talleres Literarios LNE

Publicado en Tiempo Industrial 122 | Año 12